La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum en la Cumbre por la Democracia


21 de abril de 2026

“Soy una mujer de paz”.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, habla con los periodistas cuando llega a una “Reunión en Defensa de la Democracia” en Barcelona el 18 de abril de 2026, una reunión de líderes de izquierda que buscan unirse contra la amenaza de la extrema derecha a la democracia.(Óscar del Pozo/AFP vía Getty Images)

Muchas gracias presidente Sánchez. Gracias por la invitación. Gracias a todos mis colegas: presidentes, primeros ministros, Gabriel Boric.

Vengo a la Cumbre por la Democracia en nombre de un pueblo trabajador, creativo y resiliente, pero sobre todo un pueblo muy generoso, un pueblo que ha aprendido a resistir sin odio, a defender sus derechos sin dejar de respetar a los demás y a creer en la paz incluso cuando la historia le ha impuesto pruebas y tribulaciones difíciles.

Vengo en nombre de un pueblo solidario, incluso en medio de la adversidad, un pueblo profundamente humanista que resiste el individualismo, rechaza la discriminación y se niega con dignidad a mirar a los demás con desprecio.

Vengo de un pueblo que reconoce sus orígenes en las grandes culturas indígenas, que fueron silenciadas, esclavizadas y saqueadas, pero nunca derrotadas, porque hay memorias que no se pueden conquistar y raíces que nunca se pueden arrancar. Vengo de la Pirámide del Sol; Yo vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, de Coatlicue. Vengo de una historia milenaria que no se limita al pasado, sino que es presencia viva en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra manera de ver el mundo.

Vengo de un pueblo con profundos valores espirituales, que sabe que su historia es sagrada porque en ella encuentra la fuerza para levantarse, resistir y seguir forjando dignamente su destino.

Problema actual

Traigo el legado de Miguel Hidalgo y Costilla, quien alzó su voz por la independencia en 1810 y días después tuvo el valor de declarar la abolición de la esclavitud. Vengo con el legado de José María Morelos y Pavón, quien vivió en el Sentimientos de la nación Escribió palabras que aún resuenan: que la soberanía emana del pueblo, que la pobreza y la riqueza deben moderarse, que la dignidad no permite ninguna casta, sólo la distinción entre vicio y virtud.

Traigo el legado de Leona Vicario, quien desafió su época defendiendo el derecho de las mujeres a luchar por su país.

Llevo la dignidad de Josefa Ortiz Téllez-Girón, quien nos recordó que quienes sirven a la nación no deben ser recompensados, pero quienes la explotan deben ser castigados. Traigo el legado del Benemérito de las Américas, el Presidente Benito Juárez, un guerrero indígena zapoteca que, junto a los liberales mexicanos, separó Iglesia y Estado a mediados del siglo XIX, defendió la República contra las invasiones extranjeras y nos dejó después de la victoria una verdad que pertenece al mundo entero: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho de los demás significa paz”. Traigo el legado de Zapata, Villa, Madero, Carranza, Felipe Ángeles, Adela Velarde, Hermila Galindo –mujeres y hombres que se levantaron en 1910 no por ambición, sino por justicia; no por el poder, sino por el derecho del pueblo mexicano a vivir en democracia, a controlar sus recursos naturales y a decidir su propio destino.

Llevo el legado del General Lázaro Cárdenas, quien, cuando el mundo cerró sus puertas a los republicanos españoles, abrió las puertas de México a quienes huían del dolor y la guerra. Vengo de un país que acogió a los exiliados y convirtió la solidaridad en acción. Reconozco la valentía de Frida Kahlo, quien, a pesar de la vulnerabilidad física, llenó de color la lucha por la justicia.

Vengo a recordarles que aún en su aislamiento, México ha mantenido sus principios, alzando su voz contra el bloqueo a Cuba en 1962, mientras otros permanecían en silencio. Cuando hablamos de esa pequeña isla caribeña creemos hasta el día de hoy que ningún pueblo es pequeño, sino grande y firme en la defensa de su soberanía y el derecho a la vida plena. También vengo de jóvenes conscientes que luchan todos los días por un país libre, democrático y más justo, de mujeres y hombres que creen en la transformación pacífica, en la justicia social y en la dignidad humana como principio universal. Estoy orgulloso de mi pueblo, de su historia, de su capacidad para resistir, compartir y nunca olvidar a los más necesitados: un pueblo que decidió en 2018 que el desarrollo democrático existe si trabajamos por la prosperidad compartida, o como decimos en México: “por el bien de todos, los pobres son primero”. Vengo de una nación que en 2024 decidió romper con una historia de machismo y eligió a su primera mujer presidenta para que todos pudiéramos seguir adelante.

Vengo a la Cumbre por la Democracia para felicitar a mis compañeros presidentes que luchan por ella todos los días. Comparto lo que México considera principios constitucionales, nacidos de su historia, principios democráticos en política exterior, principios que hoy resuenan alto y claro y están más vivos que nunca en el escenario mundial: el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la resolución pacífica de controversias, el rechazo al uso de la fuerza, la igualdad jurídica de los Estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto a los derechos humanos y la lucha continua por la paz.

Porque en un mundo que sufre guerras y desigualdad, estos principios democráticos siguen siendo el aporte de México a los pueblos del mundo como símbolo de esperanza. Los principios democráticos también significan libertad.

Pero vale la pena preguntarse: ¿qué tipo de libertad? ¿Libertad defendida por el conservadurismo? ¿La libertad de someterse a intereses externos? ¿La libertad de convertir naciones en colonias modernas? ¿O la libertad de un mercado no regulado que convierte a muchos en nada y a unos pocos en todo? No.

Creemos que la democracia implica libertad. Pero la libertad es una palabra vacía si no va acompañada de la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos. Cuando hablamos de democracia, no es la democracia de las élites, sino de la democracia del pueblo. No la concentración de la riqueza, sino su distribución. No hay imposición, sino participación. No guerra, sino paz. No indiferencia y exclusión, sino cooperación e inclusión.

Cuando hablamos de democracia, nos referimos a la democratización de la cultura, el acceso a la educación, el acceso a la atención médica y el objetivo final de los gobiernos, que es garantizar el bienestar de su pueblo. La democracia, como dijo Abraham Lincoln, es un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No hay democracia si no hay opción para los pobres, para los desposeídos.

Por eso me gustaría proponer una acción concreta que presenté en el G-20: una propuesta simple basada en una nueva visión de las Naciones Unidas: asignar el 10 por ciento del gasto militar global, que asciende a miles de millones de dólares, a promover un programa global que permitiría a millones de personas reforestar millones de hectáreas de tierra cada año. En lugar de promover la guerra, fomentemos la paz; fomentemos la vida.

Me gustaría proponer una declaración contra la intervención militar en Cuba, para que prevalezcan el diálogo y la paz. También me gustaría extender una invitación para que esta cumbre se celebre la próxima vez en México, donde podamos entablar un diálogo sobre una economía centrada en el bienestar y sobre una democracia que responda a las necesidades reales de la población. Porque la democracia significa anteponer el amor al odio, cultivar la generosidad a la codicia y la hermandad a la guerra.

La democracia significa que la vida no está en venta, como tampoco lo está la libertad o la dignidad de las personas. La democracia significa que sólo el respeto a la diversidad y el amor por los demás permitirá construir un mundo al que todos pertenecen: cada pueblo, cada lengua, cada cultura, cada nación.

Soy una mujer de paz, y represento a una nación que ama la libertad, la justicia y la fraternidad, y que entiende la democracia como lo dijo el gran Benito Juárez: «Con el pueblo todo; sin el pueblo nada. Con los pueblos todo; sin los pueblos nada».

Muchas gracias.

claudia sheinbaum

Claudi Sheinbaum es el actual y 66º presidente de México.

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