Martes 20 de enero de 2026 – 09:53 WIB
VIVA – Resurgimiento de posiciones nacionalistas en todo Asia Oriental a menudo se explica como un resurgimiento de agravios históricos o una movilización política interna. Sin embargo, estas explicaciones fracasan cada vez más en captar los factores contemporáneos que configuran las actitudes regionales.
Las recientes tensiones entre Japón Y Porcelana sobre Taiwán ofrece una perspectiva más directa y convincente. Los ejercicios militares a gran escala de Beijing alrededor del Estrecho de Taiwán, junto con su retórica de advertencia dirigida a los países considerados «entrometidos», han colocado a Japón en un foco estratégico inevitable.
Para Tokio, la cuestión de Taiwán ya no es un problema lejano sino una cuestión de seguridad cercana, con misiles, actividades navales y ataques aéreos chinos en zonas que limitan directamente con el territorio japonés.
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La respuesta vocal de Japón y su voluntad de vincular abiertamente la estabilidad de Taiwán con su propia seguridad nacional marca un alejamiento significativo de la moderación del pasado.
Estos acontecimientos reflejan patrones regionales más amplios. El discurso nacionalista en Asia Oriental no surgió de la nada y no es únicamente producto de cálculos políticos internos.
Más bien, refleja un proceso reactivo en el que las potencias regionales están recalibrando su identidad, soberanía y autonomía estratégica en respuesta a la postura más asertiva de China.
Aunque Beijing enmarca sus acciones como defensivas y arraigadas en derechos históricos, la creciente huella militar y las señales coercitivas que envía han obligado a los países vecinos y a los actores políticos de esos países a endurecer sus posiciones, a menudo de manera que fortalezcan el sentimiento nacionalista en casa.
Los incidentes recurrentes alrededor de las islas Senkaku en el Mar de China Oriental y el aumento de la actividad militar china cerca de Taiwán han alimentado una narrativa en Tokio de que el entorno de seguridad es peor que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En respuesta, Japón ha iniciado un cambio estratégico significativo, pasando de un enfoque de posguerra en autodefensa a una postura de seguridad proactiva que incluye planes para duplicar el presupuesto de defensa a alrededor del dos por ciento del PIB.
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Las iniciativas de Japón para aumentar las capacidades de contraofensiva, fortalecer las defensas costeras y expandir su industria de defensa reflejan un sentido de urgencia arraigado en la dinámica regional. Este hecho, aunque controvertido entre el público nacional, ha recibido un amplio apoyo como una necesidad estratégica en el contexto de la creciente actividad aérea y naval china cerca del territorio japonés.
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