Jueves 15 de enero de 2026 – 21:29 WIB
Jacarta – Cientos de personas de la Asociación de Activistas Milenarios de Indonesia (HAMI) actuaron frente a la Fiscalía General de Indonesia, el jueves 15 de enero de 2026. Hami alentó a la Fiscalía General (Kejagung) a investigar supuestas prácticas de gratificación que involucraban al personal experto del Ministerio de Finanzas, Robert Leonard Marbun, quien anteriormente se desempeñó como personal experto dentro del BKPM.
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El coordinador de campo de HAMI, Faris, dijo que los agentes del orden convocaron a Robert Leonard Marbun. Porque, dijo, Robert era sospechoso de controlar el vehículo de lujo Toyota Alphard, que procedía de la empresa privada Toyota Astra sin ningún derecho normativo sobre el puesto y que aún no ha sido devuelto.
«Este caso es una seria advertencia a la integridad de la administración país y sistemas de supervisión burocrática. «Se considera que las acusaciones de que funcionarios públicos reciben servicios de partes privadas no sólo violan la ética de la oficina, sino que también abren un amplio margen para conflictos de intereses, abuso de autoridad y decadencia moral del poder», dijo Faris en su discurso del jueves.
«Esto no es sólo una supuesta violación administrativa, y no es un asunto personal. Es un reflejo del daño a la integridad en la administración estatal. Cuando se sospecha que un funcionario público recibe lujosas instalaciones del sector privado, lo que está en juego no sólo es el buen nombre de una institución, sino también la confianza del pueblo en el Estado», continuó Faris.
Faris destacó que la posición estratégica de este puesto está directamente relacionada con los intereses de importación y exportación de vehículos, un sector muy vital para el negocio de Toyota/Astra.
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«Si un funcionario en esa posición disfruta de facilidades de partes que tienen un interés directo en su autoridad, entonces esa es la definición real de un conflicto de intereses y un potencial delito de cargo», subrayó.
Destacó que la supuesta aceptación de instalaciones de particulares por parte de funcionarios públicos era una grave violación ética que atentaba contra la confianza de las personas.
«Esto no sólo daña la ética burocrática, sino que acaba con la confianza de la gente y destruye el futuro de nuestra democracia», afirmó Faris.
Faris añadió que esta cuestión no es sólo un asunto personal, sino más bien una apuesta por el buen nombre de las instituciones estatales.
«Esto no es sólo una supuesta violación administrativa, y no es un asunto personal. Es un reflejo del daño a la integridad en la administración estatal. Cuando se sospecha que un funcionario público recibe lujosas instalaciones del sector privado, lo que está en juego no sólo es el buen nombre de una institución, sino también la confianza del pueblo en el Estado», afirmó.
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Faris enfatizó que su partido seguirá monitoreando este caso hasta que se resuelva mediante movimientos morales y control público. «El Estado no puede ser derrotado por las elites. La ley debe estar por encima de todos los intereses. Y el pueblo seguirá supervisando», concluyó.

