miércoles, 14 de enero de 2026 – 18:02 WIB

VIVA Porcelana tratar cada vez más historia no como una disciplina académica, sino como un instrumento del poder estatal. En la última década, y con creciente intensidad desde 2023, Beijing ha acelerado esfuerzos sistemáticos para remodelar la narrativa del pasado para alinearla con los objetivos políticos y estratégicos actuales.

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Este enfoque no es simplemente un debate sobre la memoria colectiva o el orgullo nacional, sino más bien una política estatal que utiliza conscientemente la historia selectiva para legitimar reclamaciones. territorialsilenciar la disidencia y reducir el espacio para el compromiso diplomático. En este marco, la historia deja de ser un registro de lo sucedido y se convierte en una justificación de lo que el Estado quiere hacer.

La esencia de este enfoque radica en la afirmación de que las fronteras y las ambiciones son contemporáneas. Porcelana es la culminación natural de la continuidad ininterrumpida de la civilización. Esto se ve más claramente en Mar de China Meridionalen el que Beijing presenta sus reclamos como una restauración de derechos antiguos en lugar de una expansión del poder moderno.

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Basándose en mapas, transporte marítimo y siglos de presencia histórica mal definida, el Estado chino reformula las aguas en disputa como territorio que inherentemente pertenece a China, a pesar de la existencia de derecho internacional moderno y sentencias legales en sentido contrario.

Esta estrategia narrativa no está diseñada para persuadir a un árbitro neutral, sino más bien para deslegitimar la premisa del arbitraje en sí. Si la soberanía se presenta como determinada históricamente, entonces los tribunales legales y las negociaciones multilaterales pasan a ser secundarios, incluso ilegítimos.

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La misma lógica subyace a la actitud de Beijing hacia Taiwán. La narrativa oficial describe cada vez más a Taiwán no sólo como un territorio separatista, sino como una parte inseparable del cuerpo político histórico de China, temporalmente aislado por la interferencia extranjera y la guerra civil.

Al reducir las complejas realidades políticas del siglo XX a una simple historia de humillación nacional y eventual recuperación, el Estado presentó la unificación como una obligación histórica más que como una elección política. Este marco tenía un doble propósito: movilizar el nacionalismo interno y al mismo tiempo limitar la flexibilidad del liderazgo al convertir el compromiso en una traición histórica.

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A nivel nacional, esta arquitectura revisionista se construye a través de educación, cultura y estudios científicos controlados. Los planes de estudio escolares se han estandarizado para enfatizar las interpretaciones de la historia centradas en el partido, presentando al Partido Comunista Chino como el guardián de la civilización y el único agente de la reforma nacional. Los acontecimientos que complican esta narrativa (opresión interna, desastres políticos o historias minoritarias controvertidas) se minimizan, reformulan u omiten por completo. El resultado no es una única mentira, sino más bien un estrechamiento acumulativo de la imaginación histórica, en el que las interpretaciones alternativas desaparecen gradualmente de la conciencia pública.

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